Antes que nada los saludo, gracias por entrar a leer, para mí es todo un gusto que lean estas palabras que no tienen mayor autoría que mi propia mente.
Nosotros tomamos decisiones, o no las tomamos no importa, la cuestión es que vamos eligiendo rumbos. Caminos que nos terminan llevando hacia algún lugar. Paso a contarles una historia muy bonita..
Había una vez un escritor llamado Omar, que simplemente recorría el mundo en busca de inspiración para sus nuevos relatos. En el verano siempre frecuentaba las playas del mundo, esta vez pasó por Talara, una playa ni turística ni transitada. La realidad se las contaré, Omar no tuvo unos meses muy bonitos, los días pasaron sin mayor sentido para él, en su trabajo, en sus proyectos, fue como bastante neutral y poco positivo. Y sólo por una gota que terminó por colmar y derramar. En resumidas cuentas, sólo quería dedicarse dejarse llevar y dejar de pensar, porque otra característica de nuestro protagonista es que reflexiona las cosas que le suceden a él y a los demás, buscando constantemente explicaciones como buen científico que es.
Una tarde encontró a una muchacha de tez clara, ojos de un color marrón cautivante, cabello ondulado y rojo. Se acercó a ella, no era tan alta como aparentaba. Parecía formar parte del paisaje.
-¿Qué hacés? - Preguntó Omar.
-¿Qué no ves ? - Respondió la muchacha, un tanto arrogante.
-Si, pero ... - Respondió nuestro inocente chico.
-Ayudo a los cangrejos a volver al mar . La marea baja mucho a estas horas, y bastantes mueren por no poder llegar a la orilla. - Dijo la señorita.
Omar la miró desorientado. No podía decidir que era más desconcertante si su actividad o su rostro tan inocente y perfecto. Luego de poder razonar, pudo llevar unas palabras a la boca.
-¿Cómo te llamas? -
- Kawanne, un gusto -
- El gusto es mío, Kawanne. Pero tengo que decirte que en la playa hay miles, sino millones de cangrejos. No puedes salvarlos a todos, además es una ley natural que se mueran si no llegan. No tiene sentido lo que haces.
Algo molesta la muchacha rápidamente manifiesta su pensamiento, a la vez que ayuda a otro cangrejito a llegar a la orilla:
-¡Para él si lo tiene!- mirando fijamente al animalito que está asistiendo con bondad.
Esa noche el escritor se revolvía mucho entre las sábanas, pensando constantemente en el mar, en el destino de los cangrejos, y en Kawanne.. ¿Por qué habría de ayudar a cada uno? ¿Ir en contra de la naturaleza? Qué muchacha más loca.. No encontraba explicación alguna.
Al día siguiente amaneció con la mente y el alma bien clara, y al atardecer volvió a la playa para reencontrarse con Kawanne. Caminó a un paso lento, pero seguro. A medida que avanzaba paralelo al horizonte su preocupación aumentaba, la muchacha ya no estaba... Pero el alma al cuerpo le volvió al cuerpo cuando la vio a lo lejos, realizando la misma actividad que hacía el ocaso del día anterior.
-Hola de nuevo - le dijo.
-Hola - respondió la damita.
Intercambiaron una dulce sonrisa, que se prolongó por unos cuantos segundos y sin más diálogo comenzaron a socorrer a los pequeños bebés de cangrejo para que lleguen a la orilla...
Omar se dio cuenta que su corazón entonces quería transmitirle algo: su tan largo viaje por fin había concluido.
Friday, 27 January 2012
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